Ahora que, aunque todavía queda un mes para la Navidad, nos vemos rodeados por lucecitas de colores, horribles abetos de plástico, papás noeles que acogen a ilusos niños en los grandes almacenes al abrazo del consumismo <<Yo quiero ésto, y lo otro, y lo otro>> vemos estanterías y estanterías de juguetes y juguetes y juguetes, muñecos parlantes que te felicitan las navidades y cosas aún más grotescas y macabras, que evidentemente, no me atrevo a describir.
En estos momentos en los que nos vemos rodeados de esta Navidad sin sentido, de esta Navidad consumista y horrible, me acuerdo de la historia de Jack Skellington. El rey de las calabazas, con una vida repetitiva, montónona y sencilla, que se ve interrumpida por el descubrimiento de la Ciudad de la Navidad. Y cómo esa Navidad consumista, que con tanto esmero intentan conseguir, se derrumba ante sus pies...
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